Primero una aclaración: el Sol no puede simplemente desaparecer. Este experimento mental sirve para comprender dos ideas físicas.
La luz tarda unos 8 minutos y 20 segundos en recorrer los aproximadamente 150 millones de kilómetros entre el Sol y la Tierra. Si el Sol dejara mágicamente de existir, continuaríamos viendo su última luz durante ese intervalo.
¿Y la ? En la física de Newton podría imaginarse como una acción instantánea, pero la de Einstein describe cambios en el campo gravitatorio propagándose a la de la luz. Las observaciones de ondas gravitacionales han confirmado que la velocidad de propagación de la gravedad es extraordinariamente cercana a la de la luz. Por eso la de la Tierra no cambiaría “antes” de que desapareciera la luz.
Después de recibir ese cambio, la Tierra dejaría de seguir su órbita solar y continuaría aproximadamente en línea recta, tangente a la trayectoria que llevaba en ese instante.
A partir de ahí entramos en una parte mucho más dependiente de modelos. La superficie empezaría a enfriarse porque dejaría de recibir casi toda su fuente externa de , y la basada en luz solar se detendría. Sin embargo, el enfriamiento no sería instantáneo: océanos, suelo y almacenan energía, y el interior terrestre seguiría aportando geotérmico. Por eso evitamos dar aquí una cifra única del tipo “la Tierra se congelaría en X días”; el resultado depende de qué temperatura, profundidad y ecosistema se esté considerando.
Por qué llegamos a esta respuesta: distinguimos cuidadosamente lo que está bien establecido —tiempo de viaje de la luz y velocidad de propagación de cambios gravitatorios— de las estimaciones sobre cuánto tardaría el planeta en congelarse, que dependen de modelos y de qué parte del sistema terrestre consideremos.