En el ecuador, la superficie terrestre se mueve a más de 1.600 km/h debido a la . Parece una enorme, pero no basta con saber la velocidad para decidir qué sentiremos.

Imagina un avión que vuela suavemente a velocidad constante. Si cierras las ventanas y no hay , no puedes saber únicamente por sensaciones si está detenido o moviéndose muy rápido. Notamos aceleraciones: arrancar, frenar, girar o caer.

La Tierra sí está girando, por lo que técnicamente existe una . Sin embargo, debido al enorme y al período de casi 24 horas, su efecto es pequeño comparado con la . De hecho, la rotación reduce ligeramente el peso aparente en el ecuador, pero no produce una sensación dramática.

Tampoco hay un continuo de miles de kilómetros por hora porque la atmósfera participa en la rotación general del planeta. Sí existen movimientos relativos del aire y fenómenos en los que la rotación importa muchísimo, como la desviación aparente que produce la rotación de la Tierra en grandes movimientos del aire y del agua. A este efecto se le llama efecto Coriolis.

Un ejemplo: gira lentamente en una plataforma que tarda un día entero en completar una vuelta y cuyo tamaño es el de un planeta. Aunque tu velocidad lineal pueda ser grande, el cambio de dirección por segundo es muy pequeño.

Por qué llegamos a esta respuesta: la frase “no sentimos la velocidad, sentimos la aceleración” es una buena explicación sencilla, pero añadimos que sí existe aceleración por rotación. Simplemente es pequeña respecto de la gravedad y estamos adaptados a ese movimiento continuo.