El no depende de una sola parte del cuerpo. El cerebro combina información de los ojos, los músculos y una zona del oído interno llamada sistema .

Dentro del oído interno hay tres conductos curvos, llamados , llenos de . Cuando giramos la cabeza, ese líquido se mueve y dobla unas estructuras muy pequeñas que envían señales al cerebro sobre la dirección y la del giro.

Si das muchas vueltas y luego te detienes de golpe, tu cabeza ya está quieta, pero el líquido dentro de esos canales puede seguir moviéndose durante unos segundos. El oído interno manda entonces una parecida a “todavía estamos girando”, mientras que los ojos pueden estar diciendo “estamos quietos”. Esa diferencia puede producir mareo y la sensación de que la habitación continúa moviéndose.

Ejemplo: imagina un vaso con agua. Si lo haces girar y luego lo detienes bruscamente, el vaso deja de moverse antes que el agua. Algo parecido ocurre con el líquido del oído, aunque el sistema real es mucho más pequeño y delicado.

El cerebro suele resolver esa confusión rápidamente. A medida que el líquido se calma y las señales vuelven a coincidir, la sensación desaparece.

Los órganos del equilibrio también detectan la y los movimientos en línea recta. Por eso podemos saber si estamos inclinados, subiendo, bajando o acelerando incluso con los ojos cerrados.

Una aclaración: marearse después de girar por juego durante unos segundos es una cosa; tener mareos frecuentes o sin una causa clara es otra. La pregunta aquí trata del efecto normal de girar.

Por qué llegamos a esta respuesta: la función de los canales semicirculares y del sistema vestibular está bien descrita. La sensación de mareo aparece porque el cerebro recibe, durante un breve tiempo, información que ya no coincide entre varios sentidos.