Los objetos pequeños del espacio pueden tener formas muy irregulares. Muchos asteroides parecen papas, huesos o rocas alargadas.

Pero cuando un cuerpo acumula mucha masa, su propia se vuelve suficientemente fuerte para vencer la resistencia de gran parte de su material. Las zonas muy elevadas ejercen y el material tiende a desplazarse hacia una forma donde la superficie queda a una distancia más parecida del centro.

El resultado es una forma cercana a una esfera.

Ejemplo: imagina un montón enorme de material blando que se atrae a sí mismo desde todas las direcciones. Las esquinas muy grandes no pueden mantenerse para siempre porque el material de esas zonas es atraído hacia el centro.

“Redondo” no significa perfectamente esférico. La de un hace que pueda abultarse un poco alrededor del ecuador y aplanarse en los polos. Júpiter y Saturno muestran este efecto con claridad porque giran rápido.

Además, la superficie puede tener montañas, valles y cráteres. Cuando hablamos de una forma redonda nos referimos a la forma general del planeta.

Existe un tamaño aproximado a partir del cual distintos materiales tienden a redondearse, pero no hay una única cifra que funcione para todo. El hielo se deforma más fácilmente que la roca, por ejemplo.

Que un cuerpo tenga suficiente gravedad para adoptar una forma casi redonda es uno de los criterios usados al clasificar planetas y planetas enanos.

Por qué llegamos a esta respuesta: la forma de planetas, lunas y asteroides observados muestra una transición clara: los cuerpos pequeños pueden ser irregulares; los suficientemente masivos tienden al bajo su propia gravedad.