El olor que muchas personas reconocen cuando empieza a llover se conoce como petrichor. No viene de una sola .

Durante períodos secos, aceites de plantas y diferentes compuestos pueden acumularse sobre rocas y suelo. Además, ciertos microorganismos del suelo producen una llamada geosmina, que tiene un olor terroso muy característico.

Cuando las primeras gotas golpean superficies porosas, pueden atrapar pequeñas burbujas de aire. Esas burbujas suben y revientan, lanzando al aire diminutas partículas que contienen compuestos del suelo.

Ejemplo: piensa en las burbujas que aparecen al dejar caer agua sobre una esponja seca. A escala mucho menor, una gota golpeando suelo poroso puede generar pequeños que transportan olor.

La nariz humana puede detectar geosmina en cantidades muy pequeñas. Por eso un poco de material liberado por la lluvia puede producir un olor notable.

Antes o durante algunas tormentas puede percibirse un olor diferente relacionado con sustancias oxidantes del aire, entre ellas en ciertas condiciones. Ese olor no es exactamente lo mismo que el petrichor producido cerca del suelo. Ese olor no es exactamente lo mismo que el petrichor del suelo.

La intensidad depende del tipo de terreno, cuánto tiempo estuvo seco, la fuerza de la lluvia, el y la vegetación. Una lluvia fuerte después de varios días húmedos puede oler muy diferente de las primeras gotas tras una larga sequía.

Por qué llegamos a esta respuesta: experimentos con gotas sobre superficies porosas han mostrado cómo se forman aerosoles, mientras estudios de microbiología identifican la geosmina como una fuente importante del olor terroso.