Cuando empiezas a correr, saltar o montar bicicleta, tus músculos aumentan su trabajo en pocos segundos. Para hacer ese trabajo necesitan más , y para obtenerla usan más y nutrientes que llegan por la sangre.
El cuerpo responde aumentando la cantidad de sangre que el corazón mueve cada minuto. Esa cantidad depende de dos cosas principales: cuántas veces late el corazón y cuánta sangre expulsa en cada latido. Durante el ejercicio, normalmente aumenta la del corazón y también puede aumentar la cantidad de sangre expulsada en cada golpe.
El ayuda a producir el cambio. Al comenzar el movimiento, disminuyen algunas señales que frenan el corazón y aumentan otras que lo hacen trabajar con más fuerza. A la vez, los vasos sanguíneos de los músculos activos se abren más para permitir un mayor flujo.
Ejemplo: imagina una ciudad en hora tranquila y la misma ciudad durante un gran evento. Si de pronto muchas zonas necesitan recibir suministros, hace falta mover más vehículos por minuto. El corazón actúa como la bomba que aumenta el envío de sangre.
También respiramos más rápido porque los pulmones deben incorporar más oxígeno y eliminar más . El corazón y los pulmones trabajan como partes de un mismo sistema de transporte.
Con entrenamiento regular, el cuerpo puede volverse más eficiente. Una persona entrenada puede mover una cantidad adecuada de sangre con menos latidos durante ciertas actividades, porque cada latido puede ser más eficaz. Eso no significa que siempre deba tener una frecuencia baja; cada persona es diferente.
Por qué llegamos a esta respuesta: está bien demostrado que durante el ejercicio aumenta el gasto cardíaco —la cantidad de sangre bombeada por minuto— para acompañar la mayor demanda de los músculos. El aumento de la frecuencia cardíaca es una de las maneras principales de lograrlo.