Es el caliente y denso que queda tras la muerte de una estrella de masa baja o intermedia. Ya no obtiene energía de fusión estable. La gravedad intenta comprimirlo, pero la presión de degeneración de los electrones —una consecuencia cuántica que impide ocupar los mismos estados— lo sostiene hasta cierto límite de masa. Puede contener una masa parecida a la del Sol en un volumen similar al de la Tierra. Brilla por el calor almacenado y se enfría lentamente durante miles de millones de años. No es una estrella «blanca» por composición ni una enana roja más pequeña: es un remanente estelar.