Es una frontera causal: la superficie alrededor de un desde la cual la velocidad necesaria para alejarse supera la de la luz. No es una pared material y, para un agujero grande, un objeto podría cruzarla sin notar un golpe local. Un observador lejano ve que sus señales se debilitan y enrojecen, mientras el viajero cruza en tiempo propio finito. El tamaño depende de masa y rotación. La forma sencilla es esférica para un agujero no giratorio; los reales pueden rotar. Después del cruce, salir exigiría moverse fuera del cono causal permitido por la relatividad.