Los fotorreceptores de la contienen pigmentos que cambian al absorber luz. Una iluminación intensa activa gran cantidad de ellos y reduce temporalmente su sensibilidad. Al apartar la mirada, esas células no responden igual que las vecinas todavía adaptadas; el cerebro interpreta el contraste como una posimagen. Si se mira después una pared clara, puede aparecer con colores complementarios porque los canales de color se han adaptado de manera desigual. La visión suele recuperarse mientras los pigmentos y los circuitos retinianos vuelven a su equilibrio. Esto explica las manchas breves habituales, no cualquier destello persistente o aparición súbita de muchas manchas, que puede tener otras causas.