La prisa dirige al costo de cada minuto y aumenta comparaciones con la fila ideal. Vemos con facilidad cuando la otra fila avanza y recordamos menos sus paradas, un muestreo sesgado. En una sola fila, pequeños retrasos de cada persona se acumulan y el progreso es irregular; sin información parece aún más lento. Cambiarse puede añadir tiempo si se pierde posición. La percepción no prueba que el servicio sea lento, pero tampoco es imaginaria: una meta urgente cambia cuánto pesa el mismo intervalo. Estimar conviene usando tasa y número de personas, no sensación aislada.