La Luna atrae a la Tierra con su . Esa atracción actúa sobre todo el , pero puede mover con más facilidad el agua de los océanos.
La gravedad de la Luna no tira con exactamente la misma fuerza de todas las partes de la Tierra: el lado cercano siente una atracción algo mayor que el centro y el lado lejano algo menor. Esa diferencia estira el sistema y contribuye a formar dos abultamientos de , uno aproximadamente hacia la Luna y otro en el lado opuesto.
Mientras la Tierra gira, una costa puede pasar por esos abultamientos y luego por zonas entre ellos. En muchos lugares eso produce aproximadamente dos mareas altas y dos bajas al día, aunque los horarios y alturas reales varían mucho.
Ejemplo: imagina que la Tierra gira debajo de dos grandes zonas donde el nivel del océano está algo elevado. Una ciudad costera entra y sale de esas zonas a medida que pasan las horas.
El Sol también ejerce gravedad sobre los océanos. Cuando Sol, Tierra y Luna están más alineados —cerca de luna nueva y luna llena— sus efectos se combinan y las diferencias entre marea alta y baja suelen ser mayores. Cuando forman un ángulo más cercano a 90 grados, la diferencia suele ser menor.
Pero las mareas reales no son dos olas perfectas que recorren un planeta liso. Continentes, profundidad del océano, forma de las costas y resonancias locales cambian enormemente el resultado. Algunos lugares tienen una marea alta al día; otros, dos de tamaños distintos.
Un detalle importante: la fase de la Luna ayuda a predecir el patrón general, pero no basta para saber la altura exacta de una marea en una playa concreta. Para eso se usan modelos y mediciones locales.
Por qué llegamos a esta respuesta: la gravedad lunar y solar explica la fuerza que genera las mareas, mientras la geografía local explica por qué el patrón observado cambia tanto de un lugar a otro.