El hambre surge de la integración de muchas señales, no solo de un estómago . El hipotálamo recibe información sobre energía disponible, horario, olores, emociones y hormonas. La grelina suele aumentar antes de comer y puede estimular apetito; leptina e insulina aportan información sobre reservas y uso de energía a más largo plazo. Las contracciones del estómago pueden sentirse como «rugidos», pero una persona puede tener hambre sin ellas o comer sin necesidad energética. Hábitos, ambiente y recompensa también influyen. Por eso el apetito puede aparecer a la hora acostumbrada aunque la última comida haya sido abundante, y puede disminuir temporalmente durante una enfermedad o una emoción intensa.