Las glándulas salivales reciben órdenes del autónomo. Ver, oler, probar o incluso imaginar comida puede activar reflejos aprendidos y preparar la boca antes de tragar. La saliva humedece el alimento, permite formar un bolo y disuelve moléculas para que alcancen los receptores del gusto. También contiene enzimas, moco, minerales y sustancias defensivas. El aumento no depende solo de apetito: un sabor ácido provoca mucha saliva para diluir y neutralizar el ácido, y la náusea puede hacer lo mismo para ayudar a proteger boca y dientes del contenido gástrico. La expresión «hacerse agua la boca» describe una respuesta real, pero su intensidad varía entre personas y situaciones.