Debajo de cada diente de leche se desarrolla normalmente su sucesor permanente. Al acercarse el de erupción, células especializadas llamadas odontoclastos reabsorben poco a poco la raíz del diente temporal. Sin esa raíz que lo ancle, la corona se afloja y termina cayendo. El diente permanente continúa su camino a través del hueso y la encía. Los dientes de leche mantienen espacio, permiten masticar y guían el desarrollo; no son piezas inútiles a la espera del recambio. Los molares permanentes posteriores no sustituyen dientes de leche: aparecen detrás. El calendario varía y depende de desarrollo, herencia y espacio disponible.