Un copo de nieve empieza con algo diminuto: de agua que se une y se congela alrededor de una pequeña dentro de una nube.
Las moléculas de agua no se colocan de cualquier manera al formar hielo. Debido a su forma y a cómo se atraen unas a otras, se organizan en una estructura cristalina con simetría de seis lados. Esa organización microscópica aparece después en la forma visible del .
Por eso muchos copos muestran seis brazos, seis puntas o patrones que repiten seis direcciones.
Ejemplo: imagina construir un piso con piezas que, por su forma, encajan siguiendo seis direcciones principales. Aunque cambies el tamaño y agregues adornos, la forma básica de construcción seguirá apareciendo.
¿Por qué entonces los copos tienen tantas formas diferentes? Mientras caen y se mueven dentro de la nube pasan por zonas con distintas temperaturas y cantidades de vapor de agua. En una zona pueden crecer como placas; en otra, formar agujas o ramas. Cambios muy pequeños alteran la forma de crecimiento.
Los seis brazos de un mismo cristal suelen parecerse porque atraviesan condiciones ambientales bastante parecidas al mismo tiempo. Pero no son copias perfectas a escala microscópica.
La frase “no existen dos copos iguales” es difícil de demostrar de manera absoluta para todos los copos que han existido. Lo más prudente es decir que, debido a la enorme cantidad de detalles y caminos posibles, encontrar dos copos complejos exactamente idénticos sería extraordinariamente improbable.
Por qué llegamos a esta respuesta: la estructura hexagonal del hielo y el efecto de y humedad sobre el crecimiento de cristales están bien establecidos y pueden reproducirse en laboratorio.