La luz aporta la que eleva electrones a un estado capaz de impulsar la fabricación de ATP y NADPH. Sin ese suministro, la planta no puede sostener la fijación de carbono y termina consumiendo sus reservas mediante respiración. Además, receptores de luz informan sobre dirección, duración del día y sombra, regulando germinación, crecimiento y floración. No todas necesitan la misma intensidad: una especie de sotobosque puede dañarse a pleno sol, mientras otra requiere mucha radiación. También importan los colores de la luz, temperatura, agua y dióxido de carbono. La necesidad básica es energética e informativa, no una preferencia por «tomar Sol».