Al masticar, muchas moléculas aromáticas suben desde la boca hasta la cavidad nasal por una abertura detrás del paladar. Ese olfato retronasal aporta notas como vainilla, café o fresa. Si la mucosa está hinchada y el aire circula mal, llegan menos moléculas a los receptores olfatorios. La lengua todavía detecta dulce, salado, , amargo y umami, además de temperatura y textura, pero falta gran parte de la identidad aromática. Por eso una papa y una manzana pueden parecer más parecidas con la nariz cerrada aunque no sepan exactamente igual. La congestión cambia el acceso al olfato; no apaga necesariamente los receptores gustativos.