Es una tormenta anticiclónica gigantesca observada durante al menos unos 190 años y quizá más. Gira en una banda donde chorros atmosféricos opuestos confinan el remolino. Júpiter no tiene una superficie sólida cercana que frene tormentas y su profunda puede sostener estructuras duraderas. La energía llega de calor interno y flujos zonales; remolinos pequeños pueden alimentarla. Su color rojizo probablemente procede de compuestos transformados por luz solar y mezclados desde capas distintas, pero la química exacta sigue sin resolverse. La Mancha ha reducido su tamaño desde observaciones históricas, de modo que no es necesariamente permanente.