Un minuto siempre tiene sesenta segundos en un reloj, pero un minuto sentido por nosotros puede parecer largo o corto.

Cuando esperamos aburridos y miramos constantemente el reloj, gran parte de nuestra está disponible para notar el paso del tiempo. Cada intervalo recibe atención y puede sentirse largo.

Durante una actividad interesante, la atención está ocupada con otras cosas: conversación, juego, aprendizaje, movimiento o una tarea que nos importa. Hay menos recursos dedicados a vigilar cuánto tiempo ha pasado y podemos sentir que las horas “volaron”.

Ejemplo: diez minutos esperando sin nada que hacer pueden parecer más largos que veinte minutos jugando algo entretenido, aunque el reloj muestre lo contrario.

Las emociones también influyen. Pero la regla “feliz = rápido, triste = lento” es demasiado simple. El nivel de activación, la motivación y el tipo de emoción pueden cambiar la en distintas direcciones, especialmente cuando juzgamos intervalos cortos en experimentos.

Además debemos distinguir el tiempo mientras ocurre de el tiempo al recordarlo. Una vacaciones llena de novedades puede pasar muy rápido mientras la vivimos, pero al recordar todos sus acontecimientos puede parecer un período rico y largo. Una tarde aburrida puede sentirse eterna en el y luego dejar pocos recuerdos.

No tenemos dentro del cerebro un reloj único comparable a un cronómetro. Varias redes de atención, y percepción participan según la tarea y la escala temporal.

Por qué llegamos a esta respuesta: revisiones y meta-análisis muestran efectos confiables de atención y emoción sobre la percepción temporal, pero también mucha variación según el experimento. Por eso explicamos la tendencia cotidiana sin convertirla en una ley universal.