Cuando vigilamos el tiempo, cada cambio interno o externo se convierte en una marca y parece que se acumulan muchos momentos. En aburrimiento hay pocos eventos interesantes que absorban , así que el reloj y la espera ocupan más recursos. La baja activación también puede reducir sensación de avance. Mirando hacia atrás ocurre a veces lo contrario: un intervalo sin acontecimientos deja pocos recuerdos y parece corto, mientras un viaje lleno de novedades parece largo. La duración «sentida ahora» y la recordada usan información diferente.
Respuesta corta
Cuando hay poca actividad interesante, prestamos más al propio paso del tiempo. Al revisar mentalmente “cuánto falta” con frecuencia, cada intervalo se vuelve más visible. En una actividad absorbente ocurre lo contrario y dejamos de vigilar el reloj.