El agua del océano contiene muchas sustancias disueltas. Las más abundantes incluyen de sodio y cloro, que juntos forman la sal común.

Una parte importante de esos materiales empieza en tierra. El agua de lluvia reacciona lentamente con las rocas y libera pequeñas cantidades de minerales. Ríos y corrientes transportan esos iones hacia el mar.

También hay intercambios con el fondo oceánico. El agua puede entrar en grietas, calentarse cerca de zonas volcánicas y reaccionar con las rocas. Al volver al océano lleva algunas sustancias y deja otras.

Ejemplo: imagina echar una cantidad minúscula de sal en una gran tina cada día, mientras parte del agua se evapora pero la sal no. En la naturaleza el proceso es mucho más complejo y también se eliminan sales del océano, pero la comparación ayuda a entender cómo pueden acumularse materiales durante tiempos enormes.

Si los ríos llevan minerales, ¿por qué los ríos no saben tan salados? Porque su agua se renueva continuamente con lluvia y circula hacia el mar. Además, la concentración de sales es muchísimo menor que en el océano.

El océano tampoco se vuelve cada año más y más salado sin límite. Hay procesos que retiran sustancias disueltas: algunos organismos las usan, parte queda atrapada en sedimentos y otra participa en reacciones con rocas y minerales. A escalas geológicas, las entradas y salidas tienden a compensarse para muchos componentes, aunque no todos permanecen exactamente constantes.

La no es idéntica en todo el mar. Puede aumentar donde la es intensa y disminuir donde llueve mucho, desembocan grandes ríos o se derrite hielo.

Por qué llegamos a esta respuesta: NOAA y USGS describen dos fuentes principales: desgaste de rocas en tierra y procesos del fondo marino, dentro de un ciclo de entradas y salidas de sustancias disueltas.