Ver, oír o pensar en un bostezo aumenta la probabilidad de bostezar, probablemente porque redes que representan acciones y estados corporales activan el patrón. La susceptibilidad cambia con edad, y persona. Se ha relacionado con empatía, pero los resultados no permiten usarlo como prueba individual de empatía ni atribuirlo a un único circuito. El bostezo espontáneo se asocia con cambios de estado, sueño y vigilancia; la idea de que sirve principalmente para obtener más oxígeno no está apoyada. Su función completa y la razón exacta del contagio siguen abiertas.
Respuesta corta
Ver, oír o incluso pensar en un bostezo puede activar el bostezo en algunas personas. Se relaciona con mecanismos de social e imitación, aunque la explicación exacta todavía se investiga. No hay una única teoría demostrada que explique todos los casos.