El color puede venir de minerales suspendidos, sustancias disueltas, microorganismos o de cómo la luz se dispersa en el agua. Harina de roca glaciar refleja tonos turquesa; hierro oxidado produce rojos o naranjas; orgánica de plantas puede teñir de marrón. En lagos muy salados, ciertas algas y arqueas fabrican pigmentos rosados. La profundidad, el fondo, el cielo y el ángulo de observación también cambian lo que vemos. Un color extraño no identifica por sí solo una sustancia ni indica necesariamente contaminación. Para conocer la causa se analizan agua, partículas, organismos, estación y condiciones de iluminación.