El no suele “caer” del cielo como la lluvia. Se forma directamente sobre superficies frías.
Durante una noche despejada, el suelo, los automóviles, las hojas y otros objetos pueden perder hacia el cielo y enfriarse. El aire que está en contacto con esas superficies también se enfría.
El aire contiene de agua que no podemos ver. Si ese aire se enfría hasta una llamada punto de rocío, llega a una condición en la que parte del vapor puede condensarse y formar gotas líquidas.
Ejemplo: cuando sacas una lata fría del refrigerador, al poco tiempo aparecen gotas por fuera. Esas gotas no atravesaron la lata. Vienen del vapor de agua del aire que se condensó al tocar la superficie fría. El rocío sobre el césped ocurre por una idea parecida.
El rocío se forma con facilidad en noches tranquilas, despejadas y húmedas. Si hay muchas nubes, estas pueden reducir la pérdida de calor de la superficie. Si hay fuerte, el aire se mezcla y puede impedir que una capa muy cercana al suelo se enfríe tanto.
Si la temperatura de la superficie baja por debajo del , pueden aparecer cristales de hielo o escarcha en lugar de gotas líquidas, aunque los detalles dependen de la temperatura y de cómo llega el vapor a la superficie.
El rocío puede ser importante para plantas, insectos y pequeños animales en ambientes donde la lluvia es escasa, aunque normalmente aporta mucho menos agua que una lluvia.
Por qué llegamos a esta respuesta: el concepto clave es el punto de rocío: la temperatura a la que el aire, con cierta cantidad de vapor, alcanza la saturación y comienza la sobre superficies adecuadas.