En REM, áreas visuales y emocionales muestran actividad intensa, mientras regiones prefrontales que comprueban coherencia pueden estar menos involucradas. El cerebro genera sensaciones desde dentro y las trata como experiencia presente porque recibe poca información del entorno y no aplica el mismo control crítico. La amígdala y redes de aportan emoción y familiaridad. Al despertar, la riqueza se desvanece rápido si no se recupera. Sueños realistas no implican que todos ocurran en REM ni que el cerebro esté completamente desconectado; sonidos o sensaciones externas pueden incorporarse. Esa combinación ayuda a explicar por qué aceptamos situaciones imposibles mientras soñamos: la experiencia puede ser perceptivamente rica aunque el control crítico sea distinto al de la vigilia. Sin embargo, REM no equivale a «soñar» de manera exclusiva; también se reportan experiencias oníricas al despertar de sueño no REM.