La duración depende de inicial, profundidad de procesamiento, repetición, recuperación posterior y conexiones con conocimientos previos. Una huella débil puede decaer o quedar inaccesible porque recuerdos competidores dificultan recuperarla. Experiencias que se repasan o se usan sufren reconsolidación y refuerzan rutas. Sueño favorece estabilización de ciertos aprendizajes. Emoción puede priorizar algunos detalles, pero no garantiza exactitud. También cambia el tipo de memoria: un número mantenido segundos depende de redes distintas a una habilidad practicada durante años. Olvidar no siempre significa que la información se borró; a veces falta una pista adecuada para encontrarla.