Cuando días se acortan y temperaturas bajan, muchos árboles caducifolios recuperan nutrientes de las hojas y forman una capa de separación en el pecíolo. Al degradarse la aparecen amarillos y naranjas que ya estaban presentes; algunas especies producen antocianinas rojas. Perder hojas evita daños y pérdida de agua durante frío o sequía. Los perennes conservan hojas con adaptaciones como cutícula gruesa, pequeño tamaño y compuestos protectores, pero tampoco las guardan para siempre: las reemplazan por turnos. La estrategia depende de clima, nutrientes y costo de fabricar hojas. «Siempre verde» significa recambio gradual, no inmortalidad foliar.