Las flores liberan mezclas de moléculas que viajan por el aire y activan receptores olfativos de animales. La selección favoreció señales que atraen a polinizadores adecuados: aromas dulces pueden llamar abejas o mariposas; olores a carne atraen ciertas moscas y escarabajos. Algunas intensifican la emisión de noche cuando vuelan polillas o murciélagos. El olor también puede disuadir herbívoros o comunicar daño. «Fuerte» depende del animal: una molécula apenas perceptible para nosotros puede ser clara para un insecto. Producir aroma cuesta recursos, por eso suele coordinarse con apertura de la flor y disponibilidad de néctar.