En los primeros instantes dominan la deformación y la descarga rápida de los nervios. Minutos después, células dañadas, plaquetas y defensas liberan prostaglandinas, bradicinina y otros mensajeros. Estas sustancias bajan el umbral de los nociceptores, de modo que un roce o movimiento antes tolerable ahora duele; es la sensibilización periférica. La salida de y sangre aumenta presión dentro del tejido y puede tensar la zona. Así, el dolor tardío no exige que el golpe siga ocurriendo: refleja la respuesta que limita movimiento y favorece protección. El tiempo y la magnitud varían según tejido, fuerza, inflamación y factores personales.