Al emerger, las crías se desplazan hacia el horizonte marino, normalmente más luminoso y bajo que las dunas oscuras. El descenso de la playa y el oleaje orientan después la natación. Mar adentro, pueden usar el terrestre como una brújula y un «mapa» aproximado; experimentos muestran respuestas a intensidades e inclinaciones asociadas con distintas regiones oceánicas. Años más tarde, adultas regresan a zonas cercanas a su origen, probablemente combinando memoria magnética con señales locales. Luces artificiales tierra adentro desvían a las crías porque imitan o dominan la señal luminosa natural.