La y una nube están hechas básicamente de lo mismo: pequeñas gotas de agua, o a veces cristales de hielo, suspendidos en el aire. La diferencia principal es dónde se forman.

El aire contiene de agua invisible. Cuando el aire se enfría, llega un momento en que ya no puede mantener la misma cantidad de vapor sin que parte se condense. Entonces aparecen gotitas microscópicas alrededor de partículas diminutas del aire.

Si ese proceso ocurre cerca del suelo, tenemos niebla.

Hay varias formas de llegar a ese punto. Una noche despejada puede permitir que el suelo pierda rápidamente; el aire justo encima se enfría y puede formar niebla. En una costa, aire húmedo puede moverse sobre una superficie más fría y enfriarse. También puede formarse cuando se mezcla aire húmedo con aire más frío.

Ejemplo: al abrir una bebida muy fría en un ambiente húmedo, a veces parece aparecer una pequeña nube cerca. No es exactamente el mismo proceso meteorológico, pero ayuda a imaginar cómo enfriar aire húmedo puede hacer visibles gotas que antes estaban como vapor.

La niebla reduce la visibilidad porque las gotitas dispersan la luz. Por eso los faros de un automóvil pueden iluminar una especie de pared blanca en vez de permitir ver muy lejos.

No toda niebla es igual. Los meteorólogos clasifican varios tipos según cómo se enfría o humedece el aire.

Por qué llegamos a esta respuesta: la base común es la saturación del aire y la de vapor en gotitas. Los distintos tipos de niebla son variaciones sobre ese mismo principio, causadas por diferentes maneras de enfriar o humedecer el aire cerca de la superficie.