No todos los semáforos funcionan de la misma manera.

En una intersección sencilla, las luces pueden seguir un programa con tiempos definidos: verde durante cierto período, amarillo y luego rojo. En lugares con tráfico cambiante, el sistema puede usar sensores para saber si hay vehículos esperando.

Un muy común es un lazo de cable enterrado en el pavimento. La del lazo crea un campo. Cuando un vehículo metálico se coloca encima, cambia una propiedad eléctrica del y el detecta su presencia. También existen cámaras, radar, sensores magnéticos, infrarrojos y otros sistemas.

Ejemplo: imagina una fila para dos puertas que no pueden abrirse al mismo tiempo. Un encargado sabe cuántas personas esperan en cada lado y sigue reglas para dar paso sin causar choques. Un controlador de tráfico hace algo comparable usando tiempos, sensores y fases.

El botón de peatones puede enviar una solicitud al controlador. No necesariamente hace que la luz cambie al instante, porque el sistema debe terminar de forma segura la fase que está activa y respetar tiempos mínimos.

En ciudades grandes, varios semáforos pueden estar coordinados para formar “olas verdes” o adaptarse a condiciones de tráfico. Algunos sistemas también pueden dar prioridad a vehículos de emergencia o transporte público.

El amarillo no es simplemente una pausa decorativa: sirve como transición para que los conductores tengan tiempo de responder antes de que aparezca el rojo.

Por qué llegamos a esta respuesta: la FHWA describe tanto señales con tiempos predefinidos como sistemas actuados por detectores. Por eso no afirmamos que todos los semáforos “ven” cada automóvil; depende de la tecnología instalada.