Reconocer una emoción facial combina información de varias partes del rostro y del contexto. El cerebro analiza cambios en ojos, cejas, boca y movimientos, y los compara con patrones aprendidos; regiones visuales y redes que procesan significado social participan en esa interpretación. No existe una correspondencia perfecta entre una expresión y una emoción interna: una sonrisa puede acompañar alegría, cortesía, nerviosismo u otras situaciones. Cultura, experiencia, voz y circunstancias modifican la lectura. Por eso podemos reconocer algunas expresiones con rapidez, pero también equivocarnos si inferimos el estado emocional de una persona usando solamente su cara.