Cada dedo posee millones de pelos microscópicos llamados setas, ramificados en espátulas aún menores. Al acercarse muchísimo a una superficie, interacciones eléctricas débiles entre moléculas —fuerzas de van der Waals— suman suficiente adhesión para sostener al animal. El gecko orienta los pelos mediante el ángulo del dedo; al cambiarlo, los despega rápidamente sin pegamento . Superficies muy sucias o ciertas texturas reducen el contacto, y las patas tienen mecanismos de autolimpieza. No funciona como ventosa ni por garras en paredes lisas. La clave es enorme área de contacto a escala microscópica y control mecánico preciso.