Un hace, en cierto sentido, el trabajo contrario de muchos micrófonos: toma una eléctrica y la convierte en del aire.
En un altavoz típico hay un imán permanente y una de alambre unida a un cono o membrana ligera. Cuando una corriente que cambia con la música atraviesa la bobina, crea un . Ese campo se encuentra con el imán y produce una fuerza que mueve la bobina hacia adelante o hacia atrás.
Como la bobina está unida al cono, el cono también se mueve. Al empujar y tirar del aire crea cambios de que viajan como ondas sonoras.
Ejemplo: si mueves rápidamente una hoja de cartón hacia adelante y atrás, empujas el aire. Un altavoz hace movimientos mucho más pequeños, precisos y rápidos, siguiendo la forma de una señal eléctrica.
Para un tono grave, el cono se mueve relativamente despacio; para tonos agudos, cambia de dirección muchas más veces cada segundo. Una grabación musical combina una enorme cantidad de frecuencias y amplitudes.
Muchos sistemas usan varios altavoces especializados. Un woofer mueve más aire para frecuencias bajas; un tweeter es pequeño y ligero para frecuencias altas. Un reparte las partes de la señal entre ellos.
El altavoz no “guarda” la voz o la música dentro. La forma de la corriente cambia continuamente y el movimiento de la reproduce esas variaciones en el aire.
Por qué llegamos a esta respuesta: la fuerza entre corriente eléctrica y campo magnético es un principio básico del electromagnetismo. En el diseño dinámico más común, esa fuerza mueve la bobina y el cono, convirtiendo energía eléctrica en movimiento y finalmente en sonido.