Primero la semilla absorbe agua, proceso llamado imbibición. Sus tejidos se hinchan, las membranas recuperan actividad y enzimas movilizan reservas del endospermo o cotiledones. La respiración aumenta y el embrión reanuda crecimiento. La radícula rompe la cubierta y forma la primera raíz; después emerge el brote y, al recibir luz, las hojas jóvenes comienzan . Agua no basta: cada especie necesita un rango adecuado de temperatura y oxígeno, y algunas requieren luz, oscuridad, frío previo o daño de la cubierta. Germinar es pasar de un estado de baja actividad a crecimiento coordinado, no que una semilla seca estuviera muerta.