Una resistencia bajo el recipiente convierte en calor. Un termostato o sensor mide la temperatura y un controlador enciende y apaga la resistencia para seguir el programa. En una arrocera simple, mientras queda agua líquida la mezcla se mantiene cerca de su punto de ebullición; cuando se absorbe o evapora, la temperatura sube y el aparato cambia a «mantener caliente». Multicocinas añaden sensores, temporizadores y, si cocinan a presión, una tapa sellada que eleva el punto de ebullición. «Eléctrica» describe la fuente de calor; el resultado depende del control y del recipiente.