El hace girar aspas inclinadas que empujan aire hacia delante y crean una diferencia de presión. Las moléculas no se enfrían dentro del ventilador: el aparato mueve el aire de la habitación. Sobre la piel, ese flujo reemplaza el aire tibio y húmedo cercano, aumenta convección y acelera evaporación del sudor; por eso sentimos frescor. En una habitación cerrada, el motor añade un poco de calor total. Forma, ángulo y velocidad de las aspas determinan caudal, ruido y presión. Invertir un ventilador de techo cambia la circulación, no convierte el aire caliente en frío.