La mayoría usa un LED que parpadea en una secuencia digital invisible al ojo. Cada botón corresponde a un código; un microcontrolador lo modula sobre una frecuencia portadora para distinguirlo de la luz ambiente. El receptor del aparato filtra, convierte los pulsos en datos y ejecuta la orden. Por eso suele requerir línea de vista, aunque la luz puede rebotar en paredes. Controles por radio o Bluetooth atraviesan algunos obstáculos y pueden enviar confirmaciones. No transmiten la imagen ni «saben» qué canal está activo salvo que exista comunicación bidireccional.