Cuando abres una página en una tableta conectada por , la información no viaja por el aire como palabras o dibujos completos. El aparato convierte los datos en señales digitales y las transmite usando ondas de radio.

El router o punto de acceso hace de puente. Recibe desde internet o desde otros equipos de la red y los envía por radio. Tu teléfono, computadora o televisor tiene una pequeña radio capaz de escuchar esas señales y responder.

Ejemplo: imagina dos personas que se comunican con linternas usando un código muy rápido. La luz no contiene una fotografía por sí sola; las secuencias representan información. En Wi‑Fi ocurre algo parecido, pero se usan ondas de radio y códigos muchísimo más rápidos y complejos.

Las redes Wi‑Fi pueden usar distintos grupos de frecuencias de radio, como 2,4, 5 y, en equipos recientes, 6 gigahercios. Un gigahercio es una forma de contar cuántas veces por segundo cambia una onda. No hace falta recordar esos números: lo importante es que distintas bandas tienen ventajas y límites. Las señales pueden debilitarse al atravesar paredes, recorrer mucha distancia o competir con otros aparatos que usan frecuencias cercanas.

¿Cómo sabe el router qué datos pertenecen a cada dispositivo? Los equipos de una red tienen identificadores y siguen reglas comunes, llamadas protocolos, para organizar quién transmite, cuándo y cómo se corrigen errores.

El Wi‑Fi no es lo mismo que internet. Puedes tener una red Wi‑Fi funcionando entre aparatos aunque la conexión a internet esté caída. Wi‑Fi describe principalmente el enlace inalámbrico local; internet es la enorme red de redes que conecta sistemas alrededor del mundo.

Por qué llegamos a esta respuesta: los estándares de la familia IEEE 802.11 describen la comunicación inalámbrica que conocemos como Wi‑Fi. La idea central es transmitir datos digitales mediante radio entre dispositivos y puntos de acceso siguiendo reglas compartidas.