Interferómetros como LIGO envían láser por dos brazos perpendiculares de kilómetros y comparan las ondas al regresar. Una onda gravitacional estira el espacio en una dirección y lo comprime en la otra, cambiando longitudes relativas por menos de una fracción del tamaño de un . Espejos suspendidos, vacío, aislamiento y múltiples rebotes aumentan sensibilidad. Detectores separados deben observar una señal compatible con el retraso correcto, lo que rechaza vibraciones locales. La forma de onda se compara con modelos para estimar masas y giros. Redes internacionales mejoran la localización en el cielo.